21 noviembre 2012

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Estoy probando esta función de publicación vía iPhone App.

Saludos a todos.

Y espero poder estar más en contacto con mi blog.

Sandra 5 de 5 Final



Sandra 5 de 5 Final

Entre parloteos y pensar en el vicio había pasado aproximadamente media hora. Y pensé que algo se me había olvidado. ¡Claro! me había olvidado de Ana. Cuál fue mi sorpresa que al voltearme a ver el carro, tenía las puertas abiertas y ni rastros de Ana. Me sentí mal ya que mi primera intención era no llevarme a Ana.

Estaba a punto de sacar del bolsillo de mis jeans mi teléfono celular para llamar a Ana cuando una mano de mujer no me dejo ver más la pantalla de mi celular. ¿A quién vas a llamar? Levante la mirada y era Sandra quien me lo preguntaba. Me pareció raro pues desde que me ofrecí a llevarla a su casa no me había dirigido la palabra. 

Conteste rápidamente tan diligente como que si se tratase de una tarea importante “Iba a llevar a Ana a su casa y se desapareció”. “Déjalo así” me dijo “Si en realidad lo necesitara te hubiera esperado” 

Aproveche que se había salido de la plática y le dije “No vas a ir a la fiesta” típica pregunta tonta pues hace unos momentos había escuchado que no iría a la fiesta. “No tengo muchas ganas de ir” fue su respuesta. En el pasado por pensar mucho las cosas perdí… y perdí tanto que aun siento que si hubiera dominado mis inseguridades y que si hubiera sido más yo habría ganado la felicidad más grande. 

Pero no fue así, calle mis sentimientos y el único que perdió la batalla fui yo., Mendigo de Amor. Y por más que analice esa situación pasada, el tiempo no regresa Solo tiene un sentido. El mismo sentido que debería de llevar mi vida, hacia adelante. Pero aun el amor de ayer atormenta mi alma, me quita el sueño e impide mi felicidad. 

Creo que es el momento adecuado para dejar de pensar en ella, esa mujer que al igual que yo perdió, sufrió y lloro las más amargas lagrimas que en su vida pensó recorrerían su cara. Su dolor fue mi dolor, y la impotencia de poder hacer algo martirizan mi vida.
Pero creo que lo que paso fue por algo y que si ella así lo quiso así debió ser desde un principio. Lamento únicamente que de este huracán de emociones saliera herida una persona inocente, la chica que trato de borrar las heridas de mi corazón y que en el proceso sufrió más que yo pues solo yo puedo curar mi dolor.

“Sandra, quieres ir a la fiesta conmigo mañana”
¿Es una cita? No bromeas verdad…
 

Sandra 4 de 5




Sandra 4 de 5

En fin escuchaba atentamente los detalles de donde y a qué hora se juntarían a la fiesta. Cruzaba los dedos para que alguna de las chicas se diera cuenta que había un intruso en el grupo y dijera “¿Y tú te apuntas, o qué?” 

Típica plática de mujeres hablaban de todo menos lo que a mí me interesaba. ¿Y qué vestido vas a usar? ¿Qué zapatos vas a llevar? ¿Maquillaje? ¿Cartera? ¿Son del Mismo color? Necesitaba datos concretos. Los minutos pasaban y recordé que Antonio me había dicho que nos juntáramos en cuatro grados norte, así que por un momento me concentre en mis pensamientos y pensé en que si iba Antonio nos emborracharíamos de lo lindo.

Antonio es la típica persona que te incita a que vayas a un bar cualquiera. Se pone a pedir, “Una Cuba” “Un Tequila” “Un cubetazo” si mucha ustedes son cuates, etc etc etc… Pero cuando llega la hora de pedir la cuenta se busca mil y una excusas para no dar ni un centavo para pagar la cuenta de la que él ha sido autor. Por eso es que cuando salimos con el estamos muy atentos de que no se le ocurra pedir una botella de Chivas o una de Zacapa Centenario.

En mis cavilaciones de con que me iba a embriagar el día siguiente estaba cuando escuche una oración que me saco de mis vagas ideas. ¿Con quien vas a ir? Vi que todas las chicas empezaron una nueva tertulia. Se les habían acabado las ganas de hablar. Enunciar todas las banalidades que vestirían el día de la fiesta habían agotado sus fuerzas, pero cuando nombraron pareja como que la nada surgió una nueva fuerza para seguir hablando y el revuelo comenzó de nuevo.  

Un Amigo, Mi Novio, Mi Primo, Un Conocido, en fin cada cual daba una opción. Era fácil adivinar quienes mentían y quienes decían la verdad. Cuando todo el grupo las miraba fijamente las que mentían dudaban un poco. Pero las que decían la verdad no tardaban ni una decima de segundo en decir quién era su príncipe azul.

Cuando la pregunta fue para Sandra todas esperaban su respuesta. Ella simplemente dijo “No voy a ir chicas, lo siento” Todas sabían la razón por la cual Sandra no iría a la fiesta. Menos yo, y pensé “que aguafiestas” nunca supe la verdadera razón por la que ella no iría. Aunque no debió ser muy serio puesto que a ella misma no le pareció tan importante perderse esa salida...

11 diciembre 2010

Sandra 3 de 5

Sandra 3 de 5

Me Salí del carro y le dije a Ana “Espérame ya ahorita nos vamos”, no sé si me puso mucho caso, pues escribía un mensaje de texto a no sé quién. Y ahora que lo pienso bien, aun no sé ni porque tuve ese impulso de salir de golpe del auto, será que el destino tenía preparado lo que sucedería más adelante.

Han notado ¿Lo difícil que puede ser hablarle a una chica cuando camina con su grupo de amigas? “Te llevo” fueron las únicas palabras que pude articular torpemente a Sandra, quien sin pensarlo dos veces cerro de golpe el estuchito de maquillaje que tenía en las manos y muy confundida me dijo “Si”.

Pensé, “Bien, por lo menos no me iré solo”. Salude a sus demás amigas, pues las conocía de vista a casi todas. Nunca fui la persona más sociable del mundo, ni aquella persona con quien todos quieren sacar conversación. Se me hace un acto hipócrita hablar con alguien si solo necesitas algo o para salir de paso. Si he de hablar con alguien es porque me parece interesante o algo por el estilo. Todos estábamos en el mismo salón, así que no les resulto tan extraño a ninguna de ellas que me ofreciera a llevarla a su casa. Cuando las interrumpí alcance a escuchar que se preparaban para una fiesta que habría el fin de semana en un famoso hotel de la zona 14.

Fiesta, por fin mi panorama no se presentaba tan gris. Un poco de música escandalosa y unas cervezas harían que mis pensamientos no me agobiaran más. Aunque sé que cuando me despierte el domingo con una resaca horrible me arrepentiré, pero no aguantaba más. Las dudas de adolecente se acabaron, la hora de tomar decisiones llego. No hay nadie que tome las decisiones por vos y lo que hagas de tu vida depende de vos y solo de vos.

Esta forma tan madura de pensar me daba miedo incluso a mí. Nunca fui de los chicos responsables que ayudaban en casa y cosas por el estilo. Siempre fue rebelde, nunca me dejaron hacer lo que se me venía en gana y ahora que yo ere libre de mis actos sentía que era tiempo de soltarme y hacer lo que quisiera.

Pero mi conciencia (si aunque no lo crean mi conciencia siempre me acompaño desde que tengo uso de razón) mal que bien, siempre me ayudaba a salir de los más oscuros predicamentos. Se dice que si colocas a un bebe al borde de un precipicio y dejas rodar un balón, este no lo seguirá pues por instinto el reconoce el peligro. Pues lo mismo me pasaba a mí, tantas veces me encontré en situaciones muy difíciles y nunca me paso nada malo. Increíble pero cierto, puedo contarle miles de historias que me pasaron en mi niñez y no lo creerías pero ahora no es tiempo de esto, tal vez en otra ocasión...

02 diciembre 2010

Sandra 2 de 5


Sandra 2 de 5

...“Llora nena, llora, llora” resonaba en todo el parqueo. Encendió el carro y se despidió de mi por el retrovisor “¿Mañana en cuatro grados verdad?” me grito mientras se alejaba. Estaba tan perdido en mis pensamientos que casi olvido que era viernes en la tarde, excelente momento de la semana para planear a que fiestas ir o con que cuates malgastaras tu dinero comprado tequila, vodka, ron o lo que se tope en el supermercado. Empecé a caminar hacia donde había dejado el carro.

Ana no perdió ni un momento y me dijo “¿A dónde vas?”. Ya sabía sus intenciones, "Llévame a mi casa" sería el siguiente enunciado si no contestaba hábilmente para esquivarme la responsabilidad de ser taxista y llevarla. Y no es que me molestara hacerlo, era el hecho de que ella me recordaba a una chica que pisoteo mis sentimientos. Ana era una réplica física exacta de la chica a la que una vez le dije “Te amo y ya no se qué hacer sin ti”. Pobre iluso, un año atrás ingenuamente pensaba que el amor era un sentimiento bonito y puro.

Casaca el amor es una guerra, donde gana el más vivo y caradura. Donde pones tus mejores tácticas en práctica. En la guerra y en el amor todo se vale. Y si te dormís solo por unos segundos pasas a ser parte del grupo de los débiles, esos que no consiguen más que migajas. Te convertís literalmente en Mendigo de Amor.

Y no planeaba convertirme en eso otra vez, seria tropezar con la misma piedra. Así que le dije a Ana “Voy para zona 10” sabiendo que con ese cambio inesperado de ruta, seguro, me diría que en otra ocasión seria o algo por el estilo. Pues sabía de antemano que no tenía nada que ir a hacer a zona la 10, o eso era lo que creía.

“Me queda bien, no voy para mi casa, mi hermana y su novio están allá así que me queda bien”, pero como dije antes cuando no planeas nada, todo te sale a pedir de boca. “Está bien”, dije y empecé a buscar las llaves de mi destartalado regalo de graduación. Una promesa hecha a mis dieciséis años de edad y ahora que tenia dieciocho se veía materializada. Un Mitsubishi Colt del 85 era lo que me disponía a abrir con las llaves que hacía unos segundos había sacado de mi mochila.

Y no es que no me gustara, era más bien el deseo de tener otro carro y no precisamente ese. Hubiera querido tener ese hermoso Peugeot 307 negro que estaba enfrente del Colito que era como le decíamos en la familia al carrito de cariño. Tire mi mochila en el asiento trasero y cuando me disponía a meter la llave en el Estárter, por el vidrio trasero vi que un grupo de amigas se acercaban.